jueves, 5 de marzo de 2015
Danzas eroticas
Fue raro danzar, al compás de su sensualidad, fue hermoso, algo que nunca había sentido antes. Parecía tango, por denominarlo de alguna manera, si ella se acercaba yo me alejaba, si yo me acercaba ella se alejaba y cada uno con una sonrisa picarona en la cara, sin disimular nada. En ese momento nos encontrábamos desnudos, sin la necesidad de tener al otro, sino de tentarlo, para ver quien de los dos caía primero en la tentación de romper con esa magnifica danza y comenzar con los besos apasionados, que fueron desinhibiéndonos poco a poco, hasta el punto de solo concentrarse en el placer del otro, convirtiéndolo en un ciclo casi perfecto.
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